Bye, bye a la comida basura con estos 8 tips para leer etiquetas ¡Facilísimo!

El mercadeo y la publicidad de la industria alimentaria nos engaña todos los días. Detrás de las etiquetas de los productos que llevamos para nutrirnos nos esconden y disfrazan verdades que, si las supiéramos, jamás los consumiríamos porque están, en un alto porcentaje, compuestos por químicos e ingredientes dañinos para nuestra salud.

Y no es una exageración. Deténgase por un minuto a leer la información contenida en esa diminuta letra que aparece en la parte posterior de los artículos que llevamos a nuestra alacena. La gran mayoría tienen una cantidad de nombres que se nos dificulta leer y pronunciar y que no son otra cosa que sustancias tóxicas como metales, fungicidas, pesticidas, hormonas, entre otros compuestos nocivos.

Si bien es difícil mantenernos a salvo y anular su consumo, sí podemos reducirlo sustancialmente si aprendemos a identificarlos en las etiquetas. Es decir, si nos volvemos más conscientes de nuestra alimentación y, desde luego, de la alimentación de las personas que amamos.

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Etiqueta embudo

Para empezar, es clave entender que, por ley, el orden en el que aparecen los ingredientes en la tabla informativa de estos artículos está dado así: de lo que más tiene el producto a lo que menos contiene. Por ende, si de entrada los primeros ingredientes son artificiales es, sin duda alguna, un producto que debemos desechar de inmediato.

 

 

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Menos es mejor

Entre más larga sea la lista de ingredientes que componen un producto, más posibilidades hay de que existan estas sustancias dañinas. Lo más natural es lo que menos agregados lleva y esos artículos son los que deben estar en nuestras cocinas.

 

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Calorías de calidad

El balance calórico es importante, pero lo es aún más la calidad de las calorías. Más que mirar una cifra que nos mantenga libres de culpas, debemos analizar la fuente de la que provienen esas calorías.

Si se originan de alimentos procesados los beneficios nutricionales son minúsculos, por no decir nulos. En cambio, aumentarán nuestra grasa corporal, harán que el metabolismo trabaje lento y nos generarán ansiedad por comer una y otra vez sin lograr saciarnos. Caso contrario a las calorías provenientes de comidas naturales: pescados, pollo, vegetales, frutos secos, entre otros, en los que, aunque puedan llegar a existir más número de calorías, estarán dotadas de un alto valor nutricional que, además de alimentarnos, nos ayudarán a tener un proceso digestivo con más quema energética y nos dará una sensación de saciedad duradera.

Esto no significa que podamos comer desmedidamente. El control de las porciones es una regla inamovible cuando buscamos perder peso o mantenernos en forma, por eso es vital saber que las calorías se especifican en los empaques por porción. Es decir, un mismo empaque puede contener varias raciones y, para calcular el total de calorías del producto, se deberán multiplicar por el número de porciones que lo compongan.

Según los expertos, lo ideal es consumir máximo 250 calorías por 100 gramos de alimento.

 

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Si tiene grasas hidrogenadas y/o trans ¡No lo compres!

Son grasas completamente artificiales y dañinas que no tienen ningún beneficio para nuestro cuerpo. Son usadas en la industria alimentaria para incrementar el tiempo de vida útil de los productos, así como también para darles estabilidad y consistencia.

Su consumo provoca un aumento del nivel de colesterol malo y una disminución del colesterol bueno, favorece la aterosclerosis: estrechamiento de las arterias que dificulta el paso de la sangre, impactando directamente al corazón.

Estas grasas la encontramos en productos como margarinas, enlatados, pastelería industrial, snacks salados y dulces, precocinados, salsas y productos ‘fast-food’.

 

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¿Sodio? Moderado, por favor

El sodio es fundamental en nuestro organismo, pero debe ser dosificado porque su consumo desproporcionado ocasiona problemas de tensión arterial, enfermedades cardiovasculares y retención de líquidos, entre otras cosas. Según los especialistas, diariamente el cuerpo necesita entre 1200 y 1500 miligramos de este mineral. Entre los productos que más contienen sodio se encuentran los enlatados, embutidos, aguas saborizadas, aceitunas, y sal.

 

 

 

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Carbohidratos, los villanos de las dietas

Es injusto encasillarlos en el papel de malos, cuando se trata de perder peso o mantener una figura atlética. Como siempre, el gran problema radica en la calidad de esos carbohidratos y de la cantidad que diariamente es injerida.

A grandes rasgos, lo que debemos tener en cuenta a la hora de mirar los carbohidratos en una etiqueta, al igual que las calorías, es de dónde provienen. Si la fuente es un alimento natural le llevará años luz en valores nutricionales a uno procesado, en donde se suman químicos y se pierden nutrientes, vitaminas y minerales.

Dentro de las fuentes naturales encontramos tres tipos:

1. Las frutas: altas en azúcar fructuosa, pero con muchas vitaminas, minerales y fibra.

2. Los almidonados: papa, arroz, granos, avena, pasta, etc: que, si bien son naturales, deben racionarse de manera controlada para que no terminen convirtiéndose en grasa localizada, y

3. Los vegetales: los grandes aliados de una figura esbelta por su riqueza en antioxidantes, vitaminas y minerales que llenan de vitalidad al cuerpo y nos dan plena sensación de saciedad.

Las fuentes procedas, en cambio, están llenas de azúcares, harinas e ingredientes artificiales que el cuerpo no necesita y que ocasionan un sin número de enfermedades. Así que, nuevamente, huye de los paquetes, golosinas y ‘chucherías’. Si no los compras, ya estarás dando un gran avance hacia el la salud y el cuerpo que quieres.

Ahora bien, en cuanto a la cantidad, esto depende de cada organismo, de la actividad física que ponga en práctica la persona y del objetivo que tenga en mente. Por ejemplo, según el Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales se recomienda que, para una dieta de 1,800 calorías totales, se consuman solo 200 gramos de carbohidratos.

 

 

 

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Proteína, qué buena eres

 

Siempre están cargadas de beneficios. Proporcionan sensación de saciedad, son indispensables para reparar tejidos de la piel, músculos, uñas, pelo y huesos; generan anticuerpos que refuerzan el sistema inmunológico y que garantizan una buena salud, entre muchas otras cosas.

Las hay de origen animal y vegetal y ambas tienen diferencias en cuanto a valores nutricionales respecta. Para quienes las consumen de ambas fuentes, lo ideal son 30 gramos de proteína por porción. Sin embargo, hasta lo bueno, en exceso, resulta malo, por lo que es importante mantener el equilibrio en su consumo para no sobrecargar al organismo.

 

 

 

 

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¡Que no te engañen! Los términos clave en la nutrición consiente

El mercadeo y la publicidad de ciertas marcas manipulan la información de las etiquetas para hacernos creer en beneficios que, en realidad, no hay. Por eso, la mejor manera de ‘no tragar entero’ es apropiándonos de terminaciones comunes en la industria alimentaria.

A continuación, algunas terminologías que abundan en los empaques, pero que no siempre resultan ciertas. Y recuerda, los porcentajes siempre están dados por ración.

Libre de azúcar: debe tener máximo 1 gramo de azúcar o 10 gramos de polialcoholes.
Libre de calorías: debe tener menos de cinco calorías online-apteekki.com.

Bajo en calorías: debe tener menos del 40 por ciento de las calorías de un producto normal.
Light: debe tener mínimo 30% menos calorías que la versión original y/o 50% menos de grasa.
Bajo en sodio: debe tener 50% menos de sodio que el producto común.
Libre de grasa: no debe superar los 0,5 gramos de grasa.
Bajo en grasa: debe tener tres gramos menos de grasa que el producto regular.
Libre de colesterol: debe tener menos de 2 miligramos de colesterol, o menos de dos miligramos de grasa saturada.

 

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